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El problema no es el hantavirus. Es la velocidad con la que un riesgo local se convierte en operativo.

El problema no es el hantavirus. Es la velocidad con la que un riesgo local se convierte en operativo.

Un crucero sale de Argentina. Un pasajero presenta síntomas respiratorios durante la travesía. Inicialmente no parece nada extraordinario. Pocos días después, hay personas hospitalizadas en varios países, contactos bajo seguimiento internacional y equipos sanitarios intentando reconstruir qué ha ocurrido exactamente.

Lo más relevante de este episodio no es solo el virus.

Es la secuencia.

La velocidad con la que un incidente sanitario localizado puede convertirse en una cuestión operativa internacional antes incluso de que exista un diagnóstico claro.

Eso es probablemente lo que muchas organizaciones todavía siguen infravalorando.

El riesgo ya no necesita grandes dimensiones para generar impacto

Durante años tendimos a asociar los riesgos globales con acontecimientos extraordinarios:
pandemias masivas, guerras, grandes crisis financieras o ciberataques sistémicos.

Pero la realidad actual es distinta.

Ahora, un riesgo puede generar consecuencias relevantes mucho antes de escalar en volumen.

Basta con:

  • movilidad internacional,
  • incertidumbre inicial,
  • exposición mediática,
  • protocolos desiguales entre países,
  • y dificultad para interpretar la información disponible.

Especialmente en entornos viajes profesionales y desplazamientos internacionales.

Este brote asociado al virus Andes —una variante del hantavirus— ha puesto de manifiesto precisamente eso:
la complejidad de gestionar una situación mientras todavía no se sabe exactamente qué está ocurriendo.

Y esa es una de las características más difíciles de los riesgos contemporáneos:
las decisiones deben tomarse antes de que exista certeza.

La primera crisis es informativa

Cuando aparece una situación sanitaria emergente, el primer problema no suele ser médico.

Suele ser interpretativo.

¿Qué está ocurriendo realmente?
¿Cuál es el nivel de riesgo?
¿Es un caso puntual o el inicio de una cadena de transmisión?
¿Hay que modificar operativas?
¿Hay que informar a los equipos?
¿Hay que restringir desplazamientos?

En el caso del crucero, incluso los expertos reconocían que la información se iba reconstruyendo a medida que avanzaban los días.

Y esto es importante entenderlo:
en entornos de incertidumbre, la información inicial casi siempre es incompleta.

El problema es que muchas organizaciones siguen esperando certezas para empezar a reaccionar.

Y cuando llegan las certezas, a menudo el riesgo ya se ha convertido en operativo.

El reto no es predecir. Es estar preparados para no entenderlo al principio.

Durante la pandemia aprendimos muchas cosas.
Pero también olvidamos algunas demasiado rápido.

Una de ellas es que los protocolos no existen solo para las crisis frecuentes.

Existen, sobre todo, para los escenarios improbables pero plausibles.

Precisamente porque, cuando aparecen, suelen generar:

  • dudas,
  • miedo,
  • ruido informativo,
  • tensiones internas,
  • y decisiones improvisadas.

Los expertos de International SOS insistían estos días en una idea especialmente relevante:
las medidas básicas siguen siendo las mismas.

Comunicación clara.
Seguimiento fiable de la información.
Higiene y prudencia operativa.
Detección precoz.
Capacidad de aislamiento.
Preparación.

Suena simple.
Pero muy pocas organizaciones mantienen estos mecanismos realmente integrados en su cultura de riesgo.

Los riesgos globales ya no son solo cosa de multinacionales

Todavía existe una idea muy presente en muchas pymes y empresas medianas:
pensar que los riesgos globales afectan sobre todo a las grandes corporaciones.

Pero la hiperconectividad ha eliminado buena parte de esa distancia.

Un equipo comercial que viaja.
Un directivo en un congreso internacional.
Un proveedor crítico.
Una incidencia sanitaria.
Un problema logístico.
Una alerta reputacional.

Hoy, cualquier organización puede verse afectada indirectamente por situaciones que hace unos años parecían lejanas.

Y, muchas veces, el impacto no es solo sanitario.

Es operativo.
Es reputacional.
Es humano.
Y también es de gobernanza.

La protección de los equipos en movilidad internacional forma parte cada vez más de las políticas de continuidad y duty of care de muchas organizaciones.

La gobernanza se pone a prueba cuando todavía no hay respuestas

Cuando todo es evidente, decidir es relativamente fácil.

La verdadera gobernanza aparece antes.

Cuando:

  • la información es parcial,
  • las recomendaciones pueden cambiar,
  • existe inquietud en los equipos,
  • y nadie puede garantizar exactamente qué ocurrirá en los próximos días.

Es ahí donde se ve si una organización entiende realmente el riesgo como una cuestión estratégica o solo reactiva.

Porque el verdadero problema no es que existan nuevos riesgos.

El verdadero problema es la velocidad con la que pueden convertirse en una cuestión operativa antes de que las empresas hayan tenido tiempo de interpretarlos.